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Jot Down

 EVENTOS

Premios Jot Down Ciencia 2025 – Cuando un pueblo entero se pone del lado del conocimiento

Los Premios Jot Down de Divulgación Científica nacen con una idea muy sencilla pero muy poderosa:

la ciencia es cultura y cuanto más la entendamos, más libre será nuestra sociedad.

El problema es que quienes explican la ciencia (los divulgadores y las divulgadoras)– casi nunca reciben premios, reconocimiento ni tiempo dentro de sus instituciones. Muchas veces trabajan “a escondidas”, robándole horas a su investigación y a su vida personal para que el resto podamos entender cómo funciona el mundo.

Por eso existen estos premios.

Por eso este año el tema ha sido “Elementos críticos: del Wolframio a las Tierras Raras”.

Y por eso el concurso ha reunido fotografía, ilustración, ensayo y narrativa, con apoyo del DIPC, el Laboratorio Subterráneo de Canfranc, el Museo Laboratorium de Bergara, la Universidad de Sevilla, Jot Down, Mercurio y Menéame.

Todo con un mismo objetivo: dar voz, impulso y cariño a quienes acercan la ciencia a la gente.

Desafío

El reto, dicho fácil, era este:

convertir un certamen científico en una fiesta para toda una ciudad.

Porque la duodécima edición de los premios no se celebró en Sevilla ni en Donostia, como otros años.

Se celebró en Bergara, un pueblo que hace 242 años fue testigo del descubrimiento del wolframio.

Y eso lo cambia todo.

Había que preparar dos días completos de conferencias, talleres, visitas, actividades para todos los públicos y un acto de entrega que estuviera a la altura.

Había que coordinar investigadores, comercio, instituciones, prensa y público general, que no siempre hablan el mismo idioma.

Había que cuidar la logística, la estética, los tiempos, los alojamientos, las cenas, los materiales técnicos…

Y, sobre todo, había que lograr que la ciencia se viviera en la calle, no solo en un auditorio.

Que el pueblo entero sintiera que esto también iba con ellos.

Enfoque

Diseñamos el evento como un viaje entre el pasado y el futuro.

Del descubrimiento del wolframio… a los elementos críticos que sostienen la tecnología actual.

Lo primero fue adaptar la imagen gráfica del certamen a todos los soportes: programa, agenda, cartelería, señalética, fondos de pantalla, presentaciones… Todo con una estética cuidada, científica pero amable, que invitara a entrar incluso a quien no sabía nada del tema.

Coordinamos la llegada, alojamiento y necesidades técnicas de todos los ponentes, gestionando materiales, presentaciones, traslados y cualquier imprevisto que fuera apareciendo.

También organizamos la cena de invitados del viernes, un momento clave para que los protagonistas del fin de semana se reencontrarán y empezara a crearse comunidad.

Con Bedelkar, la red de comerciantes y hosteleros de Bergara, trabajamos mano a mano para convertir el pueblo en un laboratorio vivo:

  • pintxo-pote científico en los bares bergareses,
  • las pastelerías ofreciendo su “Wolfram goxoa”,
  • entrega de un “rasca y gana” con más de 500 premios por compras en el comercio local,
  • fiesta en la calle Irala con música y un ambientazo increíble.

Mientras tanto, en el Semiraio se desarrollaban las conferencias con figuras como Clara Grima o Rosario Raro, conectando historia, matemáticas, física, literatura y sociedad.

Y el sábado llegó el gran momento: la entrega de premios. Celebrando la creatividad de quienes convierten conceptos complicados en historias para todos.

Nuestro papel fue estar ahí sin hacerse notar:

coordinando, revisando, solucionando, iluminando y haciendo que todo tuviera el ritmo perfecto.

Resultado

El resultado fue un fin de semana único:

dos días en los que Bergara se convirtió en capital de la ciencia.

Las calles respiraban curiosidad.

Los bares hablaban de elementos químicos.

Los divulgadores se sintieron valorados.

Y el Laboratorium celebró su 10º aniversario recuperando el lugar que le corresponde en la historia científica de Euskal Herria.

Los premios brillaron, pero lo más bonito fue ver a un pueblo entero implicado, todos participando de algo que normalmente vive encerrado en laboratorios o revistas especializadas.

Fue un recordatorio claro:

cuando la ciencia sale a la calle, el conocimiento deja de ser un lujo y se convierte en una fiesta colectiva.

Y ahí estuvo En Clave de Sol, tejiendo hilos, cuidando detalles y asegurando que todo fluyera con esa naturalidad que solo se consigue con mimo, planificación y mucha, mucha pasión por contar historias que importan.

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